Iván Cruz

Antología poética

 
 
 
Gilgamesh, en su lecho de muerte, redime a Enkidú
 
Al poeta Saúl Ibargoyen.
 
[Humbaba maldice a Gilgamesh y a Enkidú]
¡Que ninguno de los dos llegue a viejo,
y que por su amigo, Gilgamesh,
Enkidú no obtenga salvación!
 
 
Gilgamesh.
 
Yo, el más famoso de los reyes;
hombre de sudor y de estirpe
que abrí los pasos de la montaña,
que erigí los baluartes de Uruk
morada de Ishtar;
yo, hombre de coraje y espada
verdugo de Humbaba,
que alcancé los confines de la tierra
en busca de la vida;
yo, Gilgamesh, amigo de Enkidú,
hoy, solitario y enfermo, vuelvo al barro.
 
Pido a mis dioses
que mis pasos merezcan el olvido,
que mi nombre sea polvo y dispersión,
que ningún consejero del reino bese mis pies,
que la gente de Uruk no llore ni se lamente por mi,
que no haya duelo, que no haya luto,
antes bien que el pueblo esté gozoso;
pero que mi amigo, a quien tanto amé,
perduré en el mañana de los hombres
bajo estos muros de ladrillo cocido
que ningún rey en el pasado
ni ningún hombre en el futuro igualará.
 
Epitafio en la tumba de Teognis
De todas las cosas, no nacer, para los hombres, la óptima...
O habiendo nacido, cuanto antes probar las puertas del Hades
 
 
 
Teognis
 
No me saludes, viajero,
no preguntes quién soy,
ni de quiénes provengo,
no inquieras cuál fue mi patria,
ni quién me enterró,
ni de qué he muerto,
tan sólo pasa de largo
por mi estela,
y ojalá que pronto me acompañes
en el Hades,
puerto común y benigno para todos.
 
Páladas medita el problema de la descendencia
La tierra es un inmenso matadero.
Allí aguarda la muerte a su rebaño
lamentablemente: nosotros.
 
 
 
Páladas
 
¿Para Ares fatigar los pechos
de las mujeres?,
¿para el dolor y la vejez penosa
criar a un desmemoriado
que será motivo de nuestro llanto?
Menor sería la desgracia,
Zeus sapiente,
si abrieras a los hijos
las puertas, benignas, del Hades
al momento de nacer.
 
 

 
 
Marcial rumbo a Bílbilis tras el asesinato
del Emperador Domiciano
 
En verdad, Quintiliano, los hombres
no somos quienes andamos extraviados
al lanzarnos, unos a otros, amargos reproches,
al consumir nuestra ambición y coraje
en guerras que agregan abatimiento e infortunio,
al erguir, altaneros, la cabeza igual que Júpiter
pese a nuestra insignificancia;
los auténticos extraviados
son los dioses
por entregar sus dones
a un corazón tan insensato
como el nuestro.
 
 
 
Marco Valerio Marcial
 
Quiero agradecer a los dioses
por la razón y el asombro
que acaso me descifraron el Universo,
por el ejercicio de los días,
por las palabras, por los versos
donde pude simular sabiduría,
por el amor de las doncellas,
por la dádiva del llanto,
por el hoy incierto,
por el ayer distinto.
Un poco de tierra
me basta ahora,
a otros aplaste en sus tumbas
la rica estela de mármol,
esa carga insulsa que al muerto atenaza.
 
 
 
En defensa propia
 
Dices bien, Quintiliano,
estos poemas atacan a lo viejo,
estos poemas viven del pasado,
estos poemas no son de vanguardia,
lo acepto,
como también acepto
las risitas y el sarcasmo
que me dedican
mis contemporáneos,
los que viven a la moda,
y que ya son freno y obstáculo
de los jóvenes en turno.
 
 

 
 
Sir Walter Raleigh (1552-1618)
Sir Walter Raleigh fue decapitado el 29 de octubre de 1618.
Su esposa enterró el cuerpo pero hizo embalsamar su cabeza,
 conservándola en una bolsa de piel roja.
 
 
Inglaterra,
la del alto nombre,
la de más noble aspecto,
que tus hijos y el Señor
te salven del tiempo,
dueño de nuestra juventud y alegría,
dueño de nuestros dones;
Inglaterra,
reina de las naciones,
augusta y rica,
imperial como eres,
dispónte suavemente
para el dolido príncipe;
yo, sombra gloriosa,
azote ulterior de los mares,
pido el amor que me fue negado,
pido sobre mi cráneo
el peso dulce de tu tierra.
 
 
 
Diatriba a un poeta antisocial
 
Este poeta no cantó los misterios del porvenir,
este poeta no cantó el espectáculo de la naturaleza,
este poeta no cantó el amor de las doncellas,
este poeta no cantó al Universo;
este poeta habló mucho de la catástrofe,
este poeta habló mucho de los partes de guerra,
este poeta habló mucho de las ruinas
pero no fue capaz de apuntalarlas,
este poeta no fue un visionario,
este poeta fue más claro que el agua,
este poeta fue más directo que una pedrada,
este poeta envejeció de abrir la boca
sin que nadie se ocupara de él.
 
 
 
Vladimir Holan medita sobre los poetas
Lo que nos dejan los poetas
está siempre manchado por el tiempo,
el pecado, el exilio.
 
 
 
Vladimir Holan
 
Qué tienen de bueno los poetas,
si no dicen lo que uno quiere decir,
si no saben explicar el pobre circo
que son hoy,
si no trabajan por aquellos
que extravían el camino a cada rato;
de qué sirven
si sólo juegan en el lodo
para salpicar a los vecinos,
si, ahora, como aves de rapiña escriben
mientras la especie se reduce
a unas cuantas señales de vida.
 
Pablo Neruda agoniza en la clínica Santa María
en Santiago de Chile
Estos cien años los viví
 
transmigrando de guerra en guerra,
bebiendo la sangre en los libros,
en los periódicos, en la televisión
 
 
 
Pablo Neruda, Vivir cien años
 
Me voy, Matilde, me voy,
pero no sufras por este viejo,
un tanto lento y otro tanto pesado
que no ha de volver.
Si has de sufrir,
sufre, amor mío, por este país
que se apaga lentamente,
que entra en conflicto
por la dicha del egoísmo;
sufre por los hijos
a quienes heredamos
la ardua tarea de morirse;
sufre por la gente
que se someterá
a la servidumbre del tirano
por miedo e ignorancia;
sufre por la sangre
y las entrañas derramadas
de los hermanos,
por los cuerpos de hombres, mujeres y niños
que no encontrarán una tumba
y que sólo por su nombre serán llorados;
sufre, querida, por todo lo que fue
y ya no será.
 
 

 
Roque Dalton (1935-1975)
“Y al sistema y a los hombres que atacamos desde nuestra poesía
 con nuestras vidas les damos la oportunidad
de que se cobren, día tras día”
 
 
 
Roque Dalton, Poemas clandestinos
 
En tiempos difíciles,
digan la verdad, camaradas,
no expongan historias donde el mundo
sea un jardín de rosas,
donde el ser humano sea bello,
no pidan disculpas estratégicas,
ni nunca mendiguen la más infame
de las misericordias;
digan la verdad,
al menos, digan su verdad,
la más nítida,
la que haga llover piedras
en su cabeza,
la que, finalmente,
los lleve, satisfechos, al paredón.
 
 
 

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