Carlos Federico Cañas Flores

 

Antología poética

 
 
El tiempo y la oportunidad.
Hay momentos en que la vida nos muestra en un instante, momentos puros de luz, esos que debemos aprovechar para recorrer mejor nuestro camino por la tierra. Estos momentos suelen ser instantes reveladores de oportunidades, para alcanzar algún grado de conocimiento en esta tierra que derrama ilusión a cántaros por doquier.
 
Oportunidades hay a granel y es menester embestirlas de frente. Pero esto no debe ser lo principal, lo verdaderamente útil es aprovechar esas oportunidades que en verdad tienen algún signo implícito de trascendencia, es decir, aquellas que aportan en mayor o menor grado algo provechoso para nuestra evolución.
 
 
El tiempo:
No podemos separar la oportunidad de la concepción o conciencia del tiempo, que es precisamente nuestra intima idea de continuidad y separación de los sucesos. Cada quien capta el tiempo a su manera y según su grado de conciencia. El instante es una medida de tiempo indefinida que tiene la potencialidad de ser un momento luminoso y revelador; un  momento renovador de la fe en la propia existencia. Cómo aquel instante en que la vida se une con el tiempo y se vive por primera vez  bajo la sombra sin sombra que proyecta el momento presente.
 
Saborear la luz del presente es tener acceso a un mar infinito de oportunidades, sin pensar en la oportunidad  como algo que sucede casualmente y que hay que aprovechar antes que se vaya como el viento, si no, como algo que siempre ha estado aquí; porque la copa del universo es fuente de todas las oportunidades y siempre estará a nuestra disposición mientras el instante sea un símbolo de conciencia y percepción de lo Divino y permanente; al fin y al cabo somos hijos de las estrellas, agua del grial de eternidad continua. Divinidad olvidada por los eones.
 
 
Sí logramos  vivir este presente de instantes inseparables, es decir, la conciencia continua;  puede que Kairos, Dios de la oportunidad, se pare indefinidamente frente a nosotros, ofreciéndonos la eterna fuente de los misterios que dan vida y sentido a la propia manifestación. Es poseer el tiempo y sus máximas posibilidades, es poder hacer lo imposible y sentir los latidos del corazón  de Dios y la verdad de su conciencia ilimitada.
 
Así seremos dueños del arco iris  y  podremos extraer todo el fruto que nos ofrezca el Grial, en la  sublime alquimia del universo.
 
 
 A la luz de la luna.
(AVE Lux Aeterna)
 
A la luz de la luna, un cuerpo esbozado,
clama de amor, de luna, ¡suspira!
Juego de aguas límpidas, un cuello blanco
Una tersura de pétalo, un susurro de vida.
 
Una mujer, delicado cisne blanco,
A la luz de la luna, se confunde con ella,
alumbrando viva como plateada estrella,
deslumbrando pupilas y aclarando el cielo.
A la luz de la luna las musas vierten besos,
que  alcanzables se nos hacen,  y escapan
esos besos al oído que huyen adentro,
cuando adentro se nos escapan las palabras.
 
A la luz de la luna, las hojas son cristales;
las damas mariposas y los hombres inmortales,
los corazones diamantes y las espinas y rosales
Son coronas luminosas sin fierro y sin puñales.
 
A la luz de la luna, los  gentiles corazones
de las damas cisnes y los caballeros nobles,
olvidan su nombre, al parecer eternamente,
en silencio y se aman simplemente,
Así simplemente…..Como lo hondo del mar…
 
Aman, simplemente, porque se han vuelto a encontrar…
 
 
Pedazos de luz y sombra.
Arco  de oro, pensamiento olvidado
Noche sombría, llanto de locos.
Perder la cordura, un ansia
De ver la luz, de ser completo.
 
Madre pare sus hijos y
Estos tardan en volver,
Tardan años y no regresan.
La tierra es la madre,
El hombre el hijo.
 
Sombras ocultan
el rostro invisible.
Ella y Él  no se encuentran,
y tenemos miedo,
y no somos uno,
y no somos pero creemos ser.
 
Duele  el pasado,
no hay presente,
no hay futuro,
se nos pierde.
no somos uno,
no somos nadie,
somos mascara gruesa
dura y falaz e ilusa
los mentidos desde siempre.
 
Hay claroscuro,
Puede haber crepúsculo
¿Es posible la aurora?
 
Hay velo,
Hay luz
En lo negro,
Somos y
Seremos,
¿Siempre hemos sido?
Un vientre, una luz,
un sonido,
Así despierto
Como de largo sueño.
 
Rapsodia de la noche
 Vuela un secretísimo misterio,
un silencio tan hondo y tan vacío,
en que se adorna el oscuro imperio,
de la noche en el calido estío.
 
Clavadas en  negro terciopelo,
como orbes de augusta pedrería,
Ejecutan una alegre sinfonía,
las estrellas danzando por el cielo.
Despiertan del placido sueño,
etéreas hadas pequeñitas,
que dueñas de los trajes de ensueño,
se posan sobre las margaritas.
 
La cristalina proyección transparente
de un lago tranquilo y plateado,
devela cual interrogante y fulgente,
el cuello de un cisne espigado.
Colmado de brillo y ambrosía,
Encantado por un mágico ritual,
 Se yergue esta noche de fantasía,
un pulcro palacio oriental.
Y en la inmensa nave oval,
Se escucha al son de una lira,
La voz de Calíope que inspira,
con cadencia de musa astral.
Y ahí juega con el eco, misteriosa,
blanca y bella y pura como el día,
Terpsícore que baila graciosa,
el concierto de la epifanía.
 
Agoniza  la profundidad infinita, 
palidece a merced de la aurora;
La luna, la poeta, nos  recita
 los versos del crepúsculo,¡ llegó la hora
Vuelve el secretísimo misterio,
un silencio tan hondo y tan vacío,
y enciende como luz de un sahumerio,
Helios, el Sol, con su poderío.
 
 
Para cuando sientas miedo y frío.
Cuando el miedo te embargue caminante y sientas el frío aniquilar tu alma en pedazos; cuando sientas que las lágrimas se quiebran y  éstas, secas, no puedan salir por tus ojos de vidrio; cuando tus suspiros sordos se callen y no puedas ejecutar prueba alguna de dolor. Busca y sabrás que hay gotas de fuego en el recinto más frío y que hay calor en tus lágrimas de sangre, siente el dolor, vive el dolor y come junto a él, el te hará diferenciar la pena del sacrificio y reconocer la fortaleza aun que estés paralizado por el terror.
 
Cuando la muerte ronde en la cercanía y sientas el paso de su filosa hoz oscilando cerca de tu cuello; cuando el corazón se te haga cenizas de espanto y sientas que desapareces para siempre y que no quedará más nada en la tierra de tu pensamiento y sensación. Reconoce en ese momento que nada termina, sólo cambia la naturaleza de su manifestación. Debes de saber que hasta las paredes de granito ceden ante el tiempo irreverente, pero entiende que ni una sola de sus partículas muere, sólo deja su antigua forma y se presta para cumplir otro objetivo. La totalidad es indivisa y sempiterna.
 
Cuando te asuste la sombra y la culpa te engañe cruelmente restregándote el rostro en el lodo y te despoje violentamente de tu aparente dignidad. Entonces busca la justicia, porque ésta tiene encerrada tu verdadera identidad, tu verdadero origen luminoso y profundo, cómo hijo de las galaxias y constelaciones.
 
Cuando te sientas caer en el abismo negro e insondable, lleno de lobreguez profunda y silente y caigas en su inmensidad por siempre, a la vez que tus gritos desgarradores no sean escuchados por nadie ni arriba ni abajo. Ten por cierto que no hay vacío eterno ni descenso infinito y que sólo desde el fondo entenderás tu naturaleza y sembrarás ahí la semilla de tu destino inmortal.
 
Cuando el miedo salga a tu paso, deja que te acompañe en la oscuridad y así de la mano, muéstrale que el sol nace en oriente todos los días de la existencia. Este es el mágico paso de la luz por las tinieblas que vive el universo y que se reproduce fielmente en nuestro camino en busca de la gloria y de la verdad.
 
 
 
En Busca del Santo Grial.
En amor fuimos concebidos en nuestro nacimiento, venimos de la plenitud primera y la experimentamos mientras no abrimos nuestros pequeños ojos, al estar con nosotros mismos en plena conciencia de lo eterno. Una conciencia mágica de sabernos permanentes, porque no estamos pensando la eternidad como una vastedad de tiempo insondable, si no mas bien un presente activo y luminoso, sin apego al instante que se va. Es tiempo presente vivido con amor, virgen inocencia en comunidad con lo absoluto.
 
Abriendo los ojos nos percataremos del mundo de los sentidos y entonces nacerá el Yo como necesidad de darnos una respuesta de aquello que se ve separado de nosotros en lo externo. Existo Yo porque hay un eso fuera de mí y necesito explicarlo.  Entonces concebimos por primera vez la dualidad y la virginidad de la concepción primera se habrá roto en mil pedazos. Este es un paso natural e insoslayable a nuestro camino por este mundo de forma. Tratamos de conocer lo externo para no sentir miedo, ese miedo terrible de no sabernos completos, porque desde aquí buscamos la unidad, aún en esta primeras etapas de la vida, en lo externo. La materia no debe ser menospreciada, es un fin válido ahora,  porque Dios es todo lo existente y lo contempla todo en unidad y no hay nada menos divino en la materia. Negarlo sería negar su omnipresencia  y hacerlo desaparecer inútilmente con nuestra ignorancia.
 
 
 
Ha muerto el presente.
Este segundo nacimiento lleva indudablemente al dolor: las imágenes separadas por el tiempo, la memoria del momento que pasó, un pasado inretornable y e inplacable, un futuro que se pierde por falta de un hoy. Ha muerto el presente, se ha muerto en nuestros recuerdos y ansias. Ha nacido la división.
 
 
 
El ego y el amor.
Nació el ego, en el triste miedo de ser menos, en el miedo inescapable de morir sin haber tenido todo, de vagar errante sin creencia válida. Porque no hay certeza y la forma es traicionera, cambia cuando menos lo esperamos.
 
Después de muchos pasos inseguros por la vida recogiendo todo tipo de cosas, de apegarnos tristemente a los objetos y a las cadenas de sucesos, abarcando más porque otro se apoderará de lo que no alcancemos a poseer, nos damos cuenta que nunca seremos plenos, nadie puede tener todo. Llegaremos tarde o temprano a las primeras concepciones del Amor, ese acto de dar sin medida ni recompensa, ese desprendimiento de la materia en actos nobles altruistas. ¿ha muerto el ego entonces? No, solo ha madurado y es ese darse cuenta que puede compartir y darse en servicio a los demás sin perder nada, algo misterioso ha sucedido: la materia no era plena, no podía poseerse todo, era sencillamente imposible, pero ahora sabe que se puede dar sin perder y que compartir llena el corazón en vez de vaciarlo. El miedo va cesando en poder, ya no existe ese temor a que otro nos robe nuestros tesoros de arena, ni la ansiedad primera de tener más cada vez. Ahora hay más sabiduría.
 
Dando a todos y para todos así vamos como en carroza repartiendo con el corazón abierto todo lo que podemos, pero no llegamos hasta todos los que necesitan y  por más amor que pretendamos compartir, no alcanzamos el objetivo de plenitud que hemos sentido en reminiscencias  de las primigenias edades y que es el recuerdo quimérico de cuando fuimos completos .
 
Sí, dándonos a los demás incondicionalmente no nos sentiremos plenos en totalidad. Eso sí, es un gran paso para el alma que nació a las primeras manifestaciones del amor.
El Mago y la búsqueda.
Dando y dándonos seguiremos sin duda, pero un estruendo como voz de rayo nos hará caer de rodillas en la tierra. Este paso es crítico, lloraremos fuego existencial, se rompe la ilusión, pero es el inicio en la búsqueda de la fuente de todo lo que existe.
 
El dar persistirá, pero habrá nacido el pequeño mago que busca la fuente de las aguas diamantinas, esa fuente que da vida y que es plena en si misma. Era eso lo que se buscaba desde un principio pero ciegos ante la forma manifestada no lo habíamos visto. Comienza la búsqueda de lo divino y  reconoceremos este paso porque estaremos muy a gusto en soledad y el buscar será plegaria y expansión de  conciencia. Buscaremos concientemente de muchas formas, adentro de nosotros aquello que antes buscábamos afuera. Este es el viaje del Alquimista, el Mago de los cuentos antiguos que transformaba el plomo en oro brillante.
 
Dar era un impulso, pero lleno de búsqueda interna tendrá sentido vivencial. Ya sabremos que no se puede dar a todos a menos que encontremos la fuente misma de los milagros, esa idea arquetípica que todo lo contiene y que es continua fuera de los cauces del tiempo. Ese amor será mas verdadero a medida nos acerquemos al final de la búsqueda, que sin duda es abrirse paso por la selva interna en busca del infinito manantial.
 
 
La contemplación en los ojos de lo eterno.
Después de un largo camino interior nos damos cuenta que la luz está en todo lo que existe, es lo que anima, ya sea en lo denso como en lo sutil, porque todo es Uno y no puede separarse la fuente de sus aguas aunque parezcan lejanas. La inocencia renace con la fuerza de la sabiduría ganada a tientas por los caminos del misterio, con un asombro sincero que no es mas que extinguir las sombras de la mentira, reconociendo la verdad que está implícita en todo lo creado.
 
La luz de las estrellas penetra por nuestros ojos, somos la misma luz, comienza a nacer la unidad, nada nos separa de la estrella, su luz se hermana con nuestra mirada y la estrella es luz. La ilusión de la diversidad se habrá roto en un solo destello, tendremos frente a frente al origen de todo lo que existe, nos veremos reflejados en los ojos de Dios y la fuente de nuestros anhelos estará a nuestra disposición. ¿Ha muerto el ego? No, nada muere y hasta el ego es divino porque no existe algo adivino.
 
El ego es más sutil y nos ha acompañado en la búsqueda, a tropiezos en las piedras de afuera y de dentro. Ahora el Alma ya no tiene miedo a las sombras, ya conoce la luz hermanadora de lo imperecedero y no esta dispuesta a separarse de ella.
 
 
El enigma del  espejo.
Los ojos de lo eterno son un espejo que refleja todo lo existente y nos veremos parados ante la divina presencia, en el brillo de su mirar de evolución. Junto a lo indivisible, el camino a casa ya develado, no es mas un misterio. Ha nacido la conciencia de lo permanente.
 
Pero la fuente tiene su última prueba, nuestra prueba: los espejos que reflejan todo lo que existe. Hemos sido reflejados por su luz, al ver sus ojos. Pero hay una imagen grabada en el espejo, somos nosotros mismos, nunca hubo tal fuente, somos la fuente y nuestro mirar es el mirar de la totalidad, nuestro paso es el paso de lo Divino por las mareas de evolución. Ahora el ego desaparecerá sin morir, quizás nunca existió, era solo nuestro reflejo en el origen de todas las cosas.
 
Desde el principio hasta el final, en la vida y en la muerte: almas invocando al espíritu inmortal, buscando el Grial de la verdad última, juntas en la unidad misma, mágica Alquimia del carbón al diamante.
 
 
 

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