Humberto Silva Morelli

Fotografía propiedad del autor

 
 
Esbozo biográfico
 

Para mi blog “Poemas de Humberto”(*), escribí una breve y conservadora biografía, que si usted, estimado lector es tradicionalista y amante la historia documentada, la puede leer. Esa biografía muestra un edificio como lo haría un arquitecto. Es un resumen muy incompleto de todo lo que he hecho, porque nada dice de lo que soy; aunque todo lo que he hecho, lo he hecho por lo que soy. Y soy porque he crecido rodeado de amor… y como vivo, he aceptado la dureza de la vida y la belleza de ser amado. En eso he crecido. En eso he sido educado y eso he aprendido. Para dar amor hay que vivir y para vivir hay que luchar por y en esa vida que nos ha sido regalada. Y eso me enseñaron, mis dos padres, Ernestina y Humberto (Z.L.). Ellos iniciaron una educación, que dejaron de hacerla, cuando se fueron. Entre ellos y desde mis 9 hasta mis 15 años, se introdujo en mi vida, el tío Miguel (Z.L.), cura párroco católico de Curicó (Chile). El me enseñó a querer la Biblia. Su Biblia entera, comenzando con el Génesis. Y yo la quise, pero era muy chico para entenderla. Sólo tenía 9 años, cuando “El Curita” y en el mes que sigue al término del año escolar, principió su enseñanza sobre como comenzó el amor en la tierra. Y quise las historias de la Biblia porque ella sólo cuenta historias de amor.

Como a los 12 años, mi padre me comenzó a enseñar el Quijote, libro que sólo es una gran historia de amor. Desde entonces he amado esos dos libros, la Biblia y El quijote, y con ellos he amado el amor. He leído mucho… muchas aventuras… y todas de amor. He leído muchas vidas de personas que han vivido para el amor. Son vidas de poetas, que sin escribir poesía, han vivido para el amor. Y muchos de ellos, hasta al morir torturados, lo han hecho dando amor. Ahora se que la Biblia y especialmente el Pentateuco, es un escrito donde las palabras envuelven amor, y sus frases, que son palabras pegadas, son pegadas con amor.

De chico fui un bellaco, pero un bellaco que se sabía amado y que daba amor. Pasó el tiempo, y para dar amor… en la Universidad de Chile seguí odontología. El dolor físico que puede producir la caries, yo lo conocí en mi y en toda su intensidad. Quitar ese dolor, es dar amor. Eso me hizo elegir la odontología. Y creo haber sido un buen doctor y un buen profesor. Salí de la universidad y me casé. Salí de la universidad pero no la dejé. Parte de mi vida murió, cuando la dictadura de Pinochet me echó de ella, pero este es un cuento mundano que no contaré, salvo que me dolió mucho, porque ellos, civiles y militares, los que me echaron, no tenían amor.

Como dije… cuando salí de la universidad, me casé con una chica judía, que me amó y la amé durante toda su vida. Ella se llamaba Esther (Z.L.). Y yo, enamorado, casi morí cuando se fue. Y así con el amor de ella y el de sus padres, comenzó mi real vida de adulto. Y así también, entendiendo el corazón de mi amada y de mi suegra, comencé a entender el amor y el amor de las historias bíblicas. Todo lo que mi tío Miguel me había enseñado eran historias de amor. No importa su veracidad. No importa que fueran cuentos o fueran historias verdaderas. Sólo me importa el amor que ellas tienen. Es como la historia de “El Gigante Egoísta” o de “La Sirenita” que hoy cuida la entrada de Copenhague. No importa la verdad de ellas, sólo importa el amor que tienen. Y tratando de llenarme de amor, he leído mucho. Tratando de entender este mundo investigué mucho en salud. Y así sin saberlo, leyendo, estudiando amando y siendo amado caí en un judaísmo agnóstico. En ese judaísmo que escucha a nuestra alma para vivirla como una creación divina. Y la mía fue una familia judía, porque yo así lo acepté. Yo acepté que la divinidad de nuestra alma y la divinidad del amor, son tan santas como la divinidad de nuestro Creador... del creador de todo. De ese Creador que puso el amor en nuestro corazón, y la ley científica de “Causa « Efecto” en nuestras neuronas, cuyo entendimiento utilizado hoy es llamado “inteligencia”.

Cuando Esther, mi primer amor, supo que pronto nos abandonaría, quiso acercarse a su religión. Y yo quise consolarla. Quise darle la alegría que ella perdía. Entonces empecé a escribir poesía. Entonces y escribiéndole, comencé a mostrarle todo el amor que por ella mi alma tenía. Por ella, sólo por ella, empecé a escribir poesía. Y escribiendo empecé a comprender que la poesía sólo es amor y que el amor sólo es poesía. Pero Esther quería ver el amor de su pueblo, quería ser bendecida. Varios sacerdotes judíos, que para mi, aún hoy, son profesionales sin amor, como son muchos sacerdotes de todas las religiones, no la quisieron bendecir. Le negaron la “sal y el agua” a esa alma que se iba. A esa alma que con dolor partía. Pero llegó uno que le dio amor. Hay muchos sacerdotes que dan amor. Hay mucha gente que da amor. Y después, cuando ella partió, ese sacerdote y esa congregación me cuidó y sanó mi dolor con amor. Y por ese amor acepté y venero sus ritos para honrar a mi desconocido y amado Creador. Al creador de todo. Al creador del alma. Al creador del amor. Estimado lector, tus credos pueden diferir de los míos, pero si tienes amor, con eso me basta para creer en ti.

Pasó mi duelo y nuevamente llegó el amor a mi vida, trayéndome una hermosa y nueva vida. Otra bella chica judía, Ruth, me dio su alma a cambio de la mía. Y así, nuevamente lleno de amor, he seguido escribiendo poesía. He seguido soñando poesía.

El Creador me ha bendecido con dos dones. Me ha dado amor y me ha permitido escribir su belleza, dentro de muchos corazones. Quizás también dentro del tuyo, he escrito algo, estimado lector.

Esta es mi breve biografía. Es la biografía de mi alma. Es mi biografía y es mi poesía. Rara  y diferente, pero biografía al fin. No creo haber olvidado nada. Mi alma sigue enamorada, sigue siendo amada y sigue gozando de todos los amaneceres que marcan un nuevo día… y yo… todas las mañanas agradezco ver el nacimiento de una nueva luz y también agradezco, todo lo que me ha regalado el Creador. Agradezco todo lo que se ha ido y todo lo que ha quedado, porque todo ha sido dado y recibido con amor. Incluyendo este maravilloso don, de poder llegar con mis letras, al corazón. Por eso digo y repito… Este escrito es mi verdadera biografía. El sólo trata de mostrar en lo sucedido, como ha vivido el alma mía, que es la que realmente escribe y vive… mi poesía…
 
 
Selección Poética

Antología poética

 

 
 

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